En nuestra civilización, las materias primas siempre han sido consideradas como algo inagotable, sin tener en cuenta otro costo que el de su escasez/abundancia o el de las dificultades-facilidades para obtenerlas. Como consecuencia directa de esta lógica utilitaria, el volumen de residuos generados es muy superior al total de productos fabricados: los primeros crecieron a un ritmo mayor que los segundos. Al no ser devueltos a su lugar de origen ni recuperados para su reutilización, al generarse cada vez en mayores cantidades, se estableció un modelo económico de duración limitada, asociado al agotamiento más o menos próximo de los recursos, ya sean minerales, energéticos o productivos. A causa de la generación creciente de residuos, cada vez más abundantes y peligrosos, se torna muy difícil la recolección y el tratamiento.
Campaña "Menos Basura, más Planeta"
En 1998 Taller Ecologista inició esta campaña de participación ciudadana con el objetivo de disminuir la generación de basura domiciliaria, reducir el uso de envases descartables, promover el uso de envases retornables y exigir la aprobación de una Ley Nacional de Envases. En 1999 se publicó el libro Envases y Medio Ambiente. La disposición final de la creciente cantidad de basura que generamos diariamente es uno de los problemas más acuciantes que tienen que resolver las ciudades, ya sean grandes o pequeñas. Mientras sigue siendo necesario mejorar los sistemas de recolección y disposición final de la basura para evitar la contaminación ambiental, urge pensar de qué manera los ciudadanos podemos contribuir a la solución del problema. La sociedad de consumo inunda la biósfera con una diversidad de desechos que requieren de 500 años o más para ser degradados y que suelen presentar dificultades para ser reciclados. Un yogurt se come en un minuto, pero su envase tardará siglos en degradarse y si se reciclara no se podría volver a utilizar para contener alimentos.
"Los descartables no se rompen, el medio ambiente sí"
Los envases y embalajes son la causa principal del crecimiento de la basura domiciliaria. Su aparición ha duplicado el peso de los residuos domésticos en los últimos 15 años. Las publicidades de bebidas anunciando su venta de botellas descartables apuntan a convencernos de que facilitan nuestra vida. Pero esconden que los envases no retornables, que son un negocio para los fabricantes y una comodidad para los envasadores y distribuidores, son en realidad un gran problema para el medio ambiente: aumentan la cantidad de basura, provocan la obstrucción de desagües y despilfarran recursos. Los costos ambientales, a menudo ocultos o desapercibidos, corren a cargo de los municipios y los ciudadanos, y en última instancia del planeta. Una persona, a lo largo de su vida, consume unas nueve toneladas sólo de envases. Los envoltorios y recipientes que tiramos diariamente ocupan aproximadamente el 60% del volumen de nuestro tacho de basura, lo que significa que en un año los rosarinos podríamos cubrir un estadio de fútbol con una montaña de unos 200 metros de altura de envases sin compactar. Los envases de usar y tirar son ecológicamente mucho más agresivos que los retornables. Para fabricar un tetra-brik, por ejemplo, se consume tres veces más de energía y cuatro veces más de agua que para una botella de vidrio. Pagamos más por una momentánea comodidad individual, que a largo plazo significa mayor deterioro ambiental y un mayor costo que tendremos que pagar nuevamente entre todos por las complicaciones que genera.
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